Efectos psicológicos del desempleo en los mayores de 45 años

Si hay un colectivo para el que quedarse sin empleo puede significar un autentico problema, ése es el de los 45. Estas personas, después de pasar la mayoría de su vida trabajando y habiendo conseguido ya un puesto que creían estable, reciben un duro golpe al ser despedidos.

Por un lado se encuentran con el problema de no saber qué van a hacer con su vida. Es posible que sólo hayan trabajado dentro de un tipo de trabajo (como ha sucedido con muchos empleados de la construcción) y, al no poder optar a ese tipo de empleo, no creen estar cualificados para nada más. Muchas de estas personas llevan trabajando toda su vida e incluso es posible que nunca antes hayan estado en una situación de desempleo, por lo que no saben cómo enfrentarse a ella. Es posible que nunca en su vida hayan tenido que redactar un curriculum o una carta de presentación o presentarse a una entrevista. Para ellos, los mecanismos de búsqueda de empleo son desconocidos y se encuentran totalmente perdidos.

Estas personas, además, se ven demasiado mayores como para dar un giro a su carrera y empezar en otra profesión sin ninguna experiencia. Por otro lado tenemos el problema de que los empleadores prefieren contratar a gente más joven, por lo que muchas ofertas les estarán cerradas desde el principio.

A todos estos problemas debemos unir las dificultades económicas por las que tienen que pasar si el desempleo se prolonga en el tiempo, que vienen a sumar una mayor carga de ansiedad a una situación ya grave de por sí.

Los efectos psicológicos que sufren estas personas pueden ser muy graves. Para ellos, verse inactivos resulta sumamente destructivo para su autoestima. Pierden la confianza en sí mismos y en poder arreglar su situación, no saben qué hacer con el tiempo libre, se sienten inútiles, vacíos, sin valor… Muchos de ellos experimentan síntomas de ansiedad como el llanto sin control, problemas de sueño, mal humor… Otros se sienten agotados y faltos de energía para seguir intentando conseguir trabajo e incluso para salir a la calle. No tienen ganas de nada y cada día se convierte en una pesada carga. Si no se le pone remedio, estos síntomas pueden desembocar en un trastorno depresivo.

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